
Hoy, en mi búsqueda diaria de noticias sobre comunicación, he leído en elmundo.es una que me ha llamado especialmente la atención. La popular presentadora estadounidense Oprah Winfrey dedicará mañana su programa televisivo a concienciar a los jóvenes de los malos tratos a través del caso de la cantante Rihanna. Hasta aquí, todo perfecto. Recordemos los hechos.
La artista, de 21 años, fue agredida la noche previa a la entrega de los premios Grammy, el pasado 8 de febrero, por su novio de 19, tambien cantante, Chris Brown. A consecuencia de la paliza, la joven presentaba golpes en la cara, en el labio y marcas de mordeduras en los brazos. Esta imagen se hizo pública a través de una fotografía que filtró el Departamento de Policía de Los Ángeles a la revista de prensa rosa TMZ y recorrió gran parte de los medios de comunicación de todo el mundo.
Hemos dicho que hasta aquí todo correcto. Un programa de televisión con índices altísimos de audiencia dedica uno de sus días de emisión a concienciar a los jóvenes de las consecuencias de la violencia doméstica a través de una figura que los adolescentes idolatran. Pero la cantante volvió con su novio tres semanas después de que éste le agrediera. Entonces, ¿es Rihanna un ejemplo? ¿Debemos mandar el mensaje de “no importa que me pegues, volveré contigo”?




