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Hoy, en mi búsqueda diaria de noticias sobre comunicación, he leído en elmundo.es una que me ha llamado especialmente la atención. La popular presentadora estadounidense Oprah Winfrey dedicará mañana su programa televisivo a concienciar a los jóvenes de los malos tratos a través del caso de la cantante Rihanna. Hasta aquí, todo perfecto. Recordemos los hechos.

La artista, de 21 años, fue agredida la noche previa a la entrega de los premios Grammy, el pasado 8 de febrero, por su novio de 19, tambien cantante, Chris Brown. A consecuencia de la paliza, la joven presentaba golpes en la cara, en el labio y marcas de mordeduras en los brazos. Esta imagen se hizo pública a través de una fotografía que filtró el Departamento de Policía de Los Ángeles a la revista de prensa rosa TMZ y recorrió gran parte de los medios de comunicación de todo el mundo.

Hemos dicho que hasta aquí todo correcto. Un programa de televisión con índices altísimos de audiencia dedica uno de sus días de emisión a concienciar a los jóvenes de las consecuencias de la violencia doméstica a través de una figura que los adolescentes idolatran. Pero la cantante volvió con su novio tres semanas después de que éste le agrediera. Entonces, ¿es Rihanna un ejemplo? ¿Debemos mandar el mensaje de “no importa que me pegues, volveré contigo”?

Pistoletazo de salida

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Supongo que hoy es ese día que nunca se olvida. El primero. Todo es nuevo: los compañeros, la forma de trabajar, los programas informáticos, las instalaciones… Demasiados datos para asimilar en unas horas, pero ya habrá tiempo.

Tengo que decir, lo primero, que me siento muy afortunada por la compañera que me está enseñando y de la que seré su sombra durante estas dos primeras semanas. Se llama Ana, es joven, guapa, simpática, paciente. Ahora es mi modelo, aunque ella no quiera, jeje.

A las 8.25 conseguí aparcar al lado de Canal 9 (tras 20 minutos). Me dio tiempo a acercarme a La Tabernita (sitio que me habían comentado como “típico” de la tele) a tomarme un café antes de entrar. Básicamente para tranquilizarme un poco porque, hoy sí, estaba algo nerviosa.

A partir de ahí todo fue muy rápido. Sube, pregunta por la persona que me había dicho Natxo el día anterior, reparto de tareas, asignación de “profe” y ale, cap a La Vila a hacer un reportaje sobre un intercambio de libros en la biblioteca. Tema apasionante, como podéis ver…

Una vez allí, es turno de hablar con la gente, con el organizador, con los vecinos que están allí…y explicarles lo que vas a hacer. Hoy, al igual que pasó cuando presencié el primer Carrusel, se ha roto la magia. Todo, absolutamente todo, está preparado. Pero bueno, dejando esto al margen, la noticia ha ido muy bien (para lo pobre que era el tema y el lugar, gráficamente). Y, lo más emocionante (para mí): mi primer speech, Obviamente, eso no se va a emitir, pero me ha gustado que Ana me dijera que grabase uno para empezar a verme y que, cuando tenga que hacer uno de verdad, ya sepa cómo funciona y corrija fallos.

Seis horas que se han pasado volando. Entre que vas al sitio, grabas, vuelves, montas, locutas…(porque escribir lo hemos hecho en el coche), se van enseguida. Y bueno, estoy encantada. Muy cansada (porque se me ha ocurrido irme a correr esta tarde, cosas de la enorme actividad que tengo en el cuerpo…), pero muy ilusionada. Eso es lo que cuenta.

Y por fin llegó

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Dicen que cada no se labra su propio futuro. No sé si yo me lo he ganado, lo he buscado, me he movido o, simplemente, he tenido suerte, he estado en el momento oportuno en el lugar adecuado. El caso es que, desde hace unas horas, formo parte de la plantilla de Canal 9. Un sueño hecho realidad. La televisión siempre ha sido mi vida. Y ojalá que esta gran oportunidad sea sólo el trampolín a tantos sueños que me quedan por cumplir. De momento, a disfrutar y aprender cada minuto durante tres meses y después…Dios dirá.

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Tras un tiempo de vacío bloguero por diversas cuestiones (aunque la universidad tiene mucha culpa), hoy no podía dejar pasar el día para escribir. ¿Por qué? Principalmente, por que hoy es el día después de la jornada más dura, periodísticamente hablando, aunque también de la que más me enorgullezco. Mi primera 2-3. Todo un honor.

Y segundo porque hoy ha comenzado el período de exámenes y el de hoy era una prueba de fuego para mí. Uno de los exámenes que más me preocupaba, pero una prueba porque tenía que comprobar que dedicar dos días a la semana a trabajar no afecta a mis estudios. ¿Resultado? Positivo.

Decía que ayer fue el día más duro de mi, por el momento (espero), brevísima carrera profesional. El sábado el viento empujó al fuego a devorar más de mil hectáreas de monte en las laderas del Puig Campana. Ayer era el día de los balances, de ver desperfectos, de sopesar daños, de que los vecinos desalojados volvieran a sus casas y, por suerte sólo unos pocos, vieran con lágrimas en los ojos el estado en que habían quedado sus viviendas. Y allí estuve yo. Desde las 8.30 de la mañana, recorrí pueblos, montes, zonas quemadas y sin quemar, salté torres de alta tensión, hablé con vecinos, con curiosos (La Nucía estaba llena de “domingueros”), me echaron de “extrañas” casas, estuve presente en la rueda de prensa del conseller, anduve y anduve más todavía (algo no demasiado fácil teniendo en cuenta mi salud esta última semana… )

Y después de cinco horas, tocaba la parte más difícil. Ordenar ideas, simplificar, jerarquizar…y ponerse a escribir con la mejor literatura posible. Y así se hicieron las 21.30. 13 horas de trabajo de las que hoy, al comprar Las Provincias, me he sentido orgullosa.

Una cena memorable

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He necesitado más de 48 horas (desde que comenzó, no desde que me acosté, es obvio) para poder reconstruir lo que fue una noche memorable. Ya había asistido a una cena de empresa navideña, pero nada que ver con lo que pude vivir la noche del lunes. Tal vez porque es la primera vez que tengo un trabajo del mundo del periodismo (entiéndase trabajo por “esfuerzo por el que recibes una cantidad X de dinero”).

Todo empezó a las 21.30 horas en el restaurante Hacienda Vistahermosa que, según me informaron más tarde, es de Antonio Banderas. ¡Qué cosas! Ahora entiendo los precios, claro. El sitio era precioso, eso sí, y la bebida muy buena, sobre todo el vino tinto, pero de comida…escasos.

No recuerdo hasta qué hora duró la cena. Esa noche decidí dejarme el reloj en casa (una práctica que he extendido a todo el año que empieza) y podrían ser más de la 1.00 de la madrugada cuando, tras brindar a la puerta del restaurante con cava (invitaba la casa), nos dirigimos la gran mayoría, sino todos (tengo vagos recuerdos…) al Dilema, la segunda casa de Las Provincias. Pero era muy tarde y estaba cerrado (era lunes), por lo que decidimos movernos unos diez metros a la derecha para adentrarnos en el Tiare, un café-pub perfecto para la ocasión.

Un par de copas, algunos unas partidas al billar, otros sumergidos en interminables charlas sobre el trabajo, la amistad, el amor… Y ahora sólo queda el recuerdo de las risas, los brindis, los bailes, las nuevas relaciones…de esa cena para recordar siempre. ¿La última? Tal vez. Espero que no. Mi brindis rezó “Porque Las Provincias no cierre”. Pero, ¿quién sabe hasta dónde llegará la convergencia de medios?

Sueños rotos

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Ya han pasado más de 24 horas del sorteo de Navidad. Unos cuantos afortunados continuarán sus festejos, tal vez, unos días más. El resto, a seguir tentando a la suerte, esperar al 22 de diciembre de 2009 o, simplemente, seguir con una vida normal, sin millones. Salud, ya saben.

Yo soy de las que sigue buscando su suerte o, al menos, intento no quedarme sentada a ver cómo pasa mi vida. Muchos sueños por cumplir aún. Y el dinero ayudaría, y mucho. Prueba de ello es esta foto. Ayer, tras decidir que nos íbamos a comer al Aljub en vez de quedarnos en la solitaria universidad para celebrar que no nos habíamos hecho ricos, pasamos por una administración de lotería para echar quiniela, euromillones y demás. Y, al ver la papelera repleta de papeles, pensé: ¿cuántos sueños habrá ahí? ¿qué sueños están ahora en la basura?

Sensaciones nuevas

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Ayer experimenté una sensación extraña.

Una compañera de Las Provincias me comentó este fin de semana que, desde que trabaja ahí, “ya es alguien”. ¿Por qué? Porque su nombre aparece en Google como periodista. Puede que a algunos les haga gracia. Para mí también supone un gran paso.

Por esa razón experimenté la sensación que comento. Ayer puse mi nombre en Google y me llevé una grata sorpresa. No sólo aparecen links con noticias publicadas por mí, sino que ¡me nombran en un foro!

Además de porque me hizo ilusión verme en esa página, me resultó especialmente curioso que, precisamente, fuera mi primera noticia firmada la que aparece en el foro. En ese momento “me sentí alguien”.